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Semarnat avala tala de 67 hectáreas de selva para libramiento del Tren Maya
Ambientalistas alertan riesgo al acuífero de Cancún


La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) autorizó de manera condicionada el cambio de uso de suelo para construir el Libramiento Vial Cancún Sur del Tren Maya, un proyecto que implicará la remoción de 67.3 hectáreas de selva mediana subperennifolia y que, según organizaciones ambientalistas, incrementará la presión sobre uno de los ecosistemas mejor conservados del norte de Quintana Roo.

La obra tendrá una longitud de 15.3 kilómetros y conectará la carretera federal 307, en dirección a Playa del Carmen, con el Aeropuerto Internacional de Cancún, además de incluir un ramal hacia la Terminal de Carga del Tren Maya. La autorización fue emitida el 1 de junio, contempla 18 meses de construcción y un periodo de operación de 50 años.

De acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), el proyecto ocupará una superficie total de 103.2 hectáreas. La inversión estimada asciende a 3 mil 121 millones de pesos, mientras que las acciones de mitigación ambiental y garantías financieras representarán 144.4 millones de pesos, equivalentes a apenas 4.63% del presupuesto total.

El expediente ambiental reconoce impactos como pérdida de hábitat, desplazamiento de fauna, alteración de suelos, erosión, posibles colapsos del terreno kárstico y riesgos de contaminación del acuífero por derrames. Debido a las características geológicas de la península, los contaminantes pueden filtrarse rápidamente hacia las aguas subterráneas.

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) advirtió que el trazo atraviesa áreas prioritarias para la conservación de primates mexicanos. Asimismo, la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental concluyó que los pasos de fauna planteados en el proyecto carecen de viabilidad debido a la falta de conectividad ecológica.

Entre las especies potencialmente afectadas figuran el mono araña, el ocelote y la iguana rayada, todas bajo algún grado de protección.

Para Aarón Hernández Siller, director regional Sureste del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), el principal problema no es únicamente la nueva carretera, sino la acumulación de obras en una región ya impactada por el Tren Maya, el crecimiento urbano de Cancún, Puerto Morelos y diversos desarrollos turísticos.

“Pareciera que se está improvisando y los que están pagando estas negligencias son el medio ambiente, la selva, la biodiversidad y después los usuarios de los servicios ambientales que dependen de ella”, advirtió.

El especialista también alertó que el libramiento podría facilitar futuras operaciones de carga ferroviaria, una actividad que, asegura, no fue considerada originalmente en la evaluación ambiental. Esto implicaría el transporte de combustibles e hidrocarburos sobre suelo kárstico y cerca de zonas habitadas.

La organización cuestionó además la viabilidad económica de ampliar el proyecto hacia el transporte de mercancías. Según datos citados por CEMDA, el Tren Maya movilizó 1.3 millones de pasajeros en 2025, pero registró pérdidas por 4 mil 810 millones de pesos frente a ingresos por 541.8 millones.

Aunque Semarnat impuso medidas adicionales para reducir ruido, prevenir derrames, proteger cuerpos de agua y atender riesgos asociados al terreno kárstico, CEMDA considera que estas acciones no resuelven los impactos estructurales del proyecto y analiza la posibilidad de impugnar la autorización.

La organización ya mantiene litigios relacionados con los tramos 5 Norte y 5 Sur del Tren Maya por afectaciones a selvas, cuevas y cenotes.

La huella ambiental del Tren Maya

Las preocupaciones ambientales se suman a estudios recientes sobre el impacto acumulado del Tren Maya en la Península de Yucatán.

Investigadores del Centro de Investigación Científica de Yucatán estimaron que la construcción de la obra provocó la deforestación de 11 mil 484 hectáreas de selva en Campeche, Quintana Roo y Yucatán.

El análisis calcula que esta pérdida forestal liberó alrededor de 1.727 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, equivalentes a las emisiones anuales de aproximadamente 375 mil automóviles de gasolina.

Del total de superficie desmontada, 4 mil 463 hectáreas corresponden a Quintana Roo, 4 mil 402 a Campeche y 2 mil 619 a Yucatán. Los investigadores señalaron que la cifra podría ser mayor, ya que no incluye áreas destinadas a almacenes, bancos de materiales, caminos de acceso, hoteles, museos y otras obras asociadas al proyecto ferroviario.

Entre los tramos con mayores afectaciones destacan Tulum-Cancún, con 681 hectáreas deforestadas; Tulum-Bacalar, con 2 mil 145; y Bacalar-Escárcega, con cerca de 2 mil 500 hectáreas, este último en una zona cercana a la Reserva de la Biosfera de Calakmul, considerada una de las selvas tropicales mejor conservadas de América.


Escrito por Abigail Cruz Guzmán

Reportera


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